domingo, 10 de febrero de 2013

Entre Helmánticos y Charros

Todo quieto, en calma, nada se movía fuera del coche, salvo el propio vehículo,que, ansioso de carreteras secundarias, avanzaba curva a la derecha, curva a la izquierda subiendo el puerto como si surcara el cuerpo que le iba a llevar a la mejor de las felicidades.


La niebla cubría lo que los ojos podían ver, salvo la sierra de Gredos, que impasible al frío vigilaba que los viajeros llegaran a su destino...y así fue.





Un par de horas más tarde ella nos esperaba, serena, apacible, hogareña y dispuesta a dejarnos visitar los secretos y prodigios que en sus rincones y recovecos guardaba.


Todo iba a ir bien y lo pudimos comprobar nada más dejar el mercado central a la izquierda.





Allí estaba el hotel San juanDeshicimos las maletas, nos refrescamos y salimos a conocerla de noche. Sus luces seducían, sus gentes acogían y su cielo iluminado predecía que lo íbamos a pasar genial.



Recorrimos la plaza mayor, a salvo de los coches y desierta de árboles, aunque en otras épocas por su interior pasara la nacional o estuviera repleta de bancos y sombras.


En la actualidad ya solo era de peatones y adoquines.
Y así,con unos minutos de paseo en nuestras botas apareció el hambre. Decidimos seguir los consejos de la recepcionista y nos aventuramos por la empinada escalera del Cervantes.

No se oía nada hasta que Carlos abrió la puerta del primer piso y la música llegó a nuestros oídos. Traspasamos la puerta del tiempo y los 0chenta y noventa sonaban por todas partes. Gente de aquí, de allá y de todas partes...fantástico y

¡¡cómo nos pusimos!!
y las que no se ven...riquísimas!


La mañana siguiente amanecimos en otro lugar, la magia de la noche se había acabado y nos llevó a una nueva realidad, pero no menos especial.



Ella, repleta de piedras de Villamayor tenía mucho que enseñarnos, empezando por la diversidad de colores que reflejan el sol en sus paredes 



¡¡y por las vistas desde el hotel!!

Comenzamos a surcar sus calles, sin pestañear y boquiabiertos de lo que podíamos ver, de lo que se podía sentir.


La primera parada fue el lateral de la casa de las conchas, donde estaba situada la oficina de turismo.  Allí nos esperaba una guía dispuesta a contarnos como sucedió. Dónde empezó todo.

Nos dirigimos hacia la Universidad, pero antes de llegar nos detuvimos ante el colegio Anaya, neoclásico y solo abierto en periodo lectivo.




Y justo en frente estaba la Catedral Nueva. Grandiosa por fuera y también por dentro. Sobre todo por el secreto que guardaba en su interior.Más de 200 años tardaron en construirla y gracias a ello se salvó la joya. Sí, sí...


 A través de ella se accedía a la Catedral Vieja, discreta y desapercibida desde fuera, pero tan importante desde dentro, repleta de historias.











Historias como el origen de los vítores que en muchas de sus calles vemos y que mezcla cultura, religión y tradición.










Y no menos importante es el claustro de la antigua catedral, donde se llevaba a cabo el encierro del estudiante, que pretendía conseguir la cátedra, la noche anterior al examen. Y allí mismo era donde se le examinaba.













Si aprobaba el pueblo le esperaba impaciente a las puertas de la catedral para celebrar por todo lo alto,






pero si suspendía...como no, ya en aquel entonces, salía por una pequeña puerta lateral donde solo le esperaba sus compañeros enfadados dispuestos a lanzarlo al río Tormes.

Tan importante fue en su día, referente europeo incluso, que su catedral, a pesar de sus grandes dimensiones, se iba quedando pequeña y no tuvieron más remedio que embarcarse en la construcción de la nueva catedral.














Y tras ser restaurada hace unos años, en el siglo XX, los restauradores incluyeron varios elementos de ese siglo ...














Desde allí callejeamos por tascas estudiantiles buscando el cielo de salamanca, hasta llegar al patio de escuelas menores de la universidad. Indescriptible por la quietud y serenidad que llenaba el lugar.



Y salimos de allí para toparnos con la espalda de Fray Luis de León, señalando el frontal de la Universidad, a la que regresó tras ser condenado por la Inquisición y pasar 5 años preso.
Los Reyes Católicos, importantes precursores de los avances de la época están claramente representados en la entrada de la Universidad
 Al igual que otros personajes importantes de la época,y como no...














la misteriosa rana o el búho.
Y vista la Universidad Pública,retomamos la expedición para volver sobre nuestras pisadas y dirigirnos a la Casa de las Conchas. Frente a ella se encontraba la Universidad Pontificia y las Torres de Clerecía. Visita obligada aunque no gratuita. 

No pudimos evitar colarnos en la biblioteca pública, y desde ella observar su patio, sus arcos y como no,  las Torres de Clerecía.


 Tras descanasr y comer algo iniciamos el camino hacia el puente romano. Allí nos topamos con el Lazarillo de Tormes y otras tantas curiosidades...



Deshicimos el camino hecho y nos encontramos con esta preciosa estampa de ella.

 Y decidimos que era el momento de buscar un parque, El Parque de La Celestina. Dejamos a un lado la Casa Lis y sus vidrieras tan características, callejeamos un poco...

 Allí estaba la vieja alcahueteando, esperándonos a la entrada
El tiempo se dilataba...de un lugar a otro, sin casi descansar excepto para comer, debíamos aprovechar el sol que nos abandonaría en unas horas. Y ya con la luz del atardecer nos aventuramos a descubrir la Cueva de Salamanca, lugar encantado y embrujado.
Y de un extremo a otro...
Un silencio sepulcral, unas ricas galletas de anís y un claustro cuyos capiteles parecían surgir del mismo subsuelo
Tras el merecido descanso entre tanta quietud decidimos que era ya momento de buscar un lugar de tapeo donde reponer fuerzas y dar la bienvenida a una nueva noche.

 Un paseo nocturno
Y ya llegó una mañana diferente!! Con paraguas y abrigados hasta las orejas...nos mostró otra de sus caras, la de la lluvia fina, los charquitos y la humedad.
Decidimos dedicarla a visitar interiores.
 Estuvimos en el centro de interpretación ubicado en la iglesia de San Millán.
Más tarde entramos en la Universidad Pontificia, donde pudimos ver su hermosa escalera volada, entre otros secretillos que guarda.

Llegada la hora de comer nos decidimos a caminar bajo la lluvia y llegar hasta la calle Van Dyck. Solo entramos en un lugar, pero QUE LUGAR. Bar regentado por una familia. Primero los padres, y ahora los hijos, preparaban una raciones...
Y el postre en una cafetería de ensueño
La comilona requería un buen paseo hasta el archivo nacional de la Guerra Civil, donde habían dos interesantes exposiciones sobre los Masones y las pegatinas durante la Transición. 
De camino nos encontramos con la iglesia de San Marcos, de planta circular.
 Y después de tanta historia concentrada iba llegando la despedida. El día se acababa, nuestro tiempo también. Una noche por delante y a la mañana siguiente le diríamos "hasta la próxima"
No cabe duda que de ella no te puedes despedir sin pensar que, seguro, volverás, por sus gentes, sus calles, historias y eterna jovialidad.

2 comentarios:

  1. ¿Te gustó Salamanca, verdad?Es una ciudad preciosa

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  2. Gustarme?? No, lo siguiente. Nos encanto!! :)

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